(Foto: Andina)

Algunos reflexiones a partir de lo que dijo el defensor del Pueblo, Walter Gutiérrez, en el encuentro minero Perumin. Para los que no se enteraron, nuestro ‘defensor’ señaló que sin inversión minera no hay crecimiento económico, y sin crecimiento económico, los derechos humanos no serán reales para todos.
1. Los derechos humanos no se pueden condicionar al crecimiento económico. No son negociables. Son derechos.
2. El canon minero no es un regalo. Es el 50% del impuesto a la renta de las empresas de este sector, que se destina por ley a las regiones de extracción.
3. El crecimiento económico de los últimos años contribuyó a la reducción monetaria de la pobreza, principalmente a través de un conjunto de programas sociales. Sin embargo, las zonas mineras no presentan reducciones de pobreza considerables o siguen siendo muy pobres.
4. Cajamarca (con Yanacocha, una de las minas de oro más grandes del mundo) y Puno, ambos departamentos con minería, hasta el 2016 –y por varios años- eran oficialmente las regiones más pobres del país. En el caso de Cajamarca, la pobreza extrema quintuplica el promedio nacional que es 3,8%. Además, más del 50% de su población se encuentra en condiciones de pobreza.
5. Según el INEI, Cajamarca y Huancavelica presentan tasas de desnutrición crónica infantil que superan el 23%.
6. De acuerdo a la misma Defensoría del Pueblo, los mayores conflictos del país son de carácter socioambiental y vinculados a sectores extractivos. No todos los que conviven con una mina se oponen a ella, pero sí hay una alta tasa de conflictividad por acceso a recursos naturales, contaminación, renta inequitativa.
7. El ingreso y salida/cierre de una mina tiene impactos locales significativos. Hay muchos casos documentados de precios locales para productos y servicios básicos que se elevan. Las personas más pobres quedan fuera de este circuito, tal vez más pobres. Por otro lado, es importante pensar qué pasa cuando la mina se va. Qué deja. Qué experiencias positivas tenemos.
Dejo esto por aquí pues creo que evidencia varias contradicciones de ese mix perfecto que nos quiso plantear el defensor: inversión minera, crecimiento: derechos reales. Una mirada más analítica sobre lo que ha sido la minería en los 90 y en los últimos años, mostrará justamente derechos vulnerados (a la salud, al trabajo digno, a la consulta, etc). Además, grandes deudas tributarias. Y ojo, no estoy en contra de este sector. No todas las empresas ni todos los empresarios son iguales. Sin embargo, nuestra minería dista mucho de ser aquel sector moderno, respetuoso, con altos estándares que todos quisiéramos. Hay mucha angurria. Bueno, ojalá que el defensor recuerde que a quien debe defender es al pueblo peruano y no a un sector. Foto: Andina

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Cecilia Niezen

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